Rioseco de Soria

    Rioseco de Soria: entre sabinas y robles, trigales y centeno, se yergue la esta hermosa villa, población pequeña, pero grande en recuerdos e historia. Los riosequeños están orgullosos de sus cerros y laderas, de su entorno y sus fiestas patronales.

    El 4 de mayo se celebraba la fiesta de su santo favorito, San Torcuato, una romería popular rescatada del olvido que nos sorprende por sus hermosos parajes y por la majestuosidad de las columnas que alberga esta pequeña ermita. Sin embargo los de Rioseco deben sus fiestas a los patrones San Juan y la Virgen del Barrio que se celebran el primer fin de semana de Julio y Septiembre respectivamente. En agosto recuerdan a emigrantes y veraneantes en su “Día del ausente”, y no podemos dejar de lado la programación cultural que durante todo el año realiza su asociación Villa de Rioseco (conciertos multiculturales, obras de teatros, danzas del mundo, caminatas populares y sobre todo la recuperación de su mercado tradicional donde participa todo el pueblo…)  En su entorno: trigo, cebada, girasoles, centeno, ganado lanar, sabinas o enebros, sabuco para el dolor de muelas, aromas de espliego cuando aquí se destilaba, flor de malva para catarros o un trago de agua en la fuente de la Valdemañas para alivios de estómagos… Para los amantes del golf, un paraje extraordinario, rústico, rural, donde practicar este deporte en un entorno único, situado  a las afueras del pueblo, en la Cerrada y Valdelázaro, con todas las instalaciones y servicios para la práctica golfista. La historia nos llevará de la mano de la Villa romana de los Quintanares, donde se han encontrado unos valiosos mosaicos policromos, ahora en museos especializados, y monedas desde el siglo II hasta la época de Constantino; villa grande, de más de 30 dependencias, donde apareciera un busto de mármol de Saturno, un bronce de un excelso romano, y estucos bellísimos. Villa romana que nos deja un legado en la memoria de un paso obligado entre Numancia (Soria) y Uxama (El Burgo de Osma). Preside el pueblo de Rioseco su iglesia de San Juan Bautista, con una muestra inconfundible de arte románico en su ábside, su espectacular pila bautismal y un interesante retablo renacentista, hay que destacar también de la Villa su Rollo medieval y sus casas rústicas. Y sobre todo el calor de sus riosequeños, también apodados pachos. Mezcla de gentes y cultura que a lo largo de los años se han ido asentando en esta hospitalaria Villa, ejemplo de integración y desarrollo en la provincia. Agricultores, ganaderos, albañiles, hosteleros, artesanos, artistas… han encontrado en este pueblo la forma de convivir y mantener viva esta tierra. Un pueblo, en fin, ideal para pasear, ir a la dehesa, contemplar el vuelo de águilas, buitres o halcones; perderse por entre sabinas y enebros, en busca del romanticismo del pasado entre sus piedras y aromas; leer un buen libro en una sombra de la Cerrada, o dejarse llevar por la melancolía de los ecos romanos.

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